JAVIER RIOYO

No hay en nuestros días heroína más poderosa. Es una seductora de metro y medio y menos de 50 kilos. No es elegante, aficionada a la comida basura, al alcohol y las drogas: Lisbeth Salander. Una sueca capaz de enamorar a medio mundo, algo que no ocurría desde que Ingrid Bergman protagonizara Casablanca. La diferencia es que la Salander no se conforma con Bogart, también quiere a la Bacall. También se diferencian en que una era carnal, real y canónicamente hermosa y la otra es ficción, sociópata, pirata, extravagante, infiel y emocionalmente ciega: nadie es perfecto. Nuestros mundos reales están llenos de ficciones. La historia creada por Stieg Larsson arrasó en las librerías. La imagen de la flaca Salander se pasea orgullosa por las calles, casas, metros, parques y dormitorios de jóvenes y mayores de todo el mundo. Reina de las Ramblas, imagen de una mujer/niña que se multiplica en libros, camisetas y es convertida en icono de una antiheroína de nuestros tiempos.

El fenómeno sigue. Acaba de empezar. En mayo llega en forma de película. No está mal la sueca Noomi Rapace que interpreta a la hacker, aunque poco se corresponda a la particular imagen de nuestros deseos. Es difícil imaginar que mujer tan inquietante, tan deseada y tan atípica proceda de la memoria que su creador tenía de aquella pecosa pelirroja, joven estrella sueca de las televisiones en los años setenta, Pipi Calzaslargas. No recuerdo haber pensado nunca en ella como alguien que pudiera volverse tan seductora como la joven soñadora con cerillas y venganzas. Difícil imaginar que aquella niña fuera a crecer de forma tan sorprendente hasta llegar a ser este turbador personaje seguido por millones de electores en tiempos de crisis e Internet. Los libreros están esperando la última entrega, La reina en el palacio de las corrientes de aire, como la llegada del maná. Se publicará a finales de junio, después de la famosa feria del libro madrileña, antes del verano y con perfecto cálculo comercial. Más deseado que Obama, Salander es la nueva patrona de las librerías. Algo similar a lo que pasó con los cines cuando esperaban la llegada de una copia de Lo que el viento se llevó como la llegada del salvavidas.

La trilogía de Larsson ha conseguido que una saga llena de verdades sobre la sociedad, la prensa, los sentimientos y los seres humanos sean los libros más vendidos, ¡y leídos!, por los jóvenes y maduros de ahora. Si los comparamos con los héroes o heroínas de nuestra juventud, con aquellos bodrios llenos de falsedades sobre los sentimientos, la honestidad, la amistad, el amor que se llamaban cosas como Edad prohibida, hay razones para sentirnos misteriosamente felices. Como en un poemario de Margarit. Refugiarnos con Salander en “el último lugar del que el sol se retira”.

Fuente: El País