Archive for February, 2010


LAS ACERAS DE ENFRENTE es un programa que aborda la cultura gay desde una perspectiva inédita, y tiene como meta fomentar la aceptación y el respeto a la diversidad, desde un modo sensato y con sentido común.

LAS ACERAS DE ENFRENTE, presentado por Luis Antonio de Villena, es un programa con vocación de llegar a la audiencia mayoritaria. Aunque aborde contenidos explícitamente relacionados con la homosexualidad, no sólo se dirige a gays, lesbianas y transexuales, sino a todos los ciudadanos abiertos a la comunicación y al conociemiento de esta cuestión que, al igual que otros temas, como la inmigración o la violencia doméstica, atañen a toda la sociedad, pues están directamente relacionados con las libertades fundamentales de los ciudadanos.
Escucha los podcasts en Radio Nacional de España – Radio 5

Admirada por la que suscribe desde los tiempos de la añorada serie “Playa de China”, Dana Delany sorprende a la sociedad americana que sigue “Mujeres Desesperadas” con este beso:

Fuente:

Aunque Telecinco sigue castigándonos sin postre los martes por la noche, la alegría vuelve cuando descubro escenas inéditas de Maca y Esther. Este es un montaje de la reconciliación durante la temporada 13.

A Esther se le encogió el corazón cuando vio a Maca. Le habían puesto un collarín para las cervicales y una sonda. Tenía un hematoma en la barbilla, consecuencia del golpe.

– Ay pobrecita, dijo Teresa.
– Teresa, te importa dejarme a solas con Maca?
– Claro que no. Crees que debería avisar a sus padres?
– Pues no lo sé. Yo no me atrevo. Ni siquiera lo había pensado, la verdad.
– Bueno, supongo que Vilches querrá esperar para ver cómo evoluciona. Y tú, no tendrías que avisar a tu madre?
– Ahora la llamo, pero no le voy a decir nada de esto. Se pondría sólo nerviosa.
– Tú verás. Pero llámala, no te olvides.
– Puedes preguntar por la moto? Supongo que la policía habrá avisado a la grúa. Pregunta a los del Samur, quieres?
– Sí, claro.

Teresa salió de la habitación. Esther se levantó de la silla y se acercó a la cama, cogiendo la mano de Maca. No podía creer que les estuviera sucediendo esto.
– Cariño, soy yo. Me voy a quedar contigo hasta que te despiertes. Besó su mejilla y comprobó que la sonda estuviese bien puesta. Se sentó en el sofá y llamó a su madre.
– Hija, ya era hora! Te he estado llamando un montón de veces!
– Perdona mamá, es que he estado muy liada.
– Vas a venir a cenar hoy?
– No, no puedo… tengo otra guardia.
– Vaya, pensaba que estabas libre. Va todo bien?
– Sí, es que estoy cansada y me duele la cabeza.
– Procura descansar, eh? A ver si contratan a más enfermeras de una vez, no puedes seguir con tantas guardias!
– No te preocupes, estoy bien. Te llamo mañana, vale?
– Sí. Un beso, hija.
– Hasta luego, mami.

Esther se tumbó en el sofá, estaba agotada. Ojalá pudiera dormir un poco. Buscó en el bolsillo el analgésico que Cruz le había dado antes. Se lo tomó sin agua, intentando relajarse.

Un ruido la despertó. La habitación estaba a oscuras, excepto por una pequeña lámpara de emergencia. Cruz estaba auscultando a Maca.
– Qué pasa?
– Tranquila, sólo la estoy controlando. Vilches se ha ido a casa y me ha pedido que me pasara.
– No reacciona?
– Todavía no. Ha debido de sufrir un buen golpe.
– No podemos hacerle más pruebas?
– No hace falta, con el tac y las radiografías hemos descartado posibles patologías. Esther, tienes que comer algo. Vamos a la cafetería.
– No tengo hambre.
– Tonterías, vénte conmigo. Diez minutos.
– No, Cruz. No quiero dejarla sola.
– Está bien, te traigo un bocadillo y un zumo. Hace?
– Como quieras. Gracias.

Esther se sentó en la cama. Tocó el morado de la barbilla y, en ese momento, Maca movió ligeramente la cabeza.
– Maca, me oyes?
– S……. s….. sí…
– Tranquila, no te esfuerces. La cogió de la mano, sonriendo. Te vas a poner bien, mi amor.
Maca no respondió, pero apretó su mano.

Cruz entró poco después.
– Se está despertando!
– Estupendo, déjame ver. Cruz controló las pupilas y le tomó la tensión. Ya te dije que es muy fuerte.
– Sí, es un toro. Los ojos de Esther brillaban por la emoción.
– Pues hála, ya no tienes excusa para no comer. No quiero que te desmayes por el pasillo.

Tres horas después, oyó carraspear a Maca.
– Es…ther?
– Estoy aquí, dijo acercándose. Cómo estás?
– Qué ha pasado?
– Tuvimos un accidente con la moto. Un imbécil se saltó el semáforo.
– No me acuerdo. Estás bien?
– Tranquila, estoy perfectamente. Te diste un golpe en la cabeza, has estado inconsciente casi todo el día.
– Qué hora es?
– La una y media. De la noche.
– Y este collar?
– Tienes una contusión en las cervicales.
– Uf… tengo para días.
– Tranquila, sólo tienes que descansar.
– Te vas a quedar conmigo?
– Claro, tonta. Para eso soy enfermera, sonrió.
– Gracias, cariño. Estoy muy cansada.
– Descansa ahora. Ya ha pasado todo.
– No habréis llamado a mi familia, verdad?
– No. Quería esperar un poco. He hecho mal?
– No, menudo susto habrían tenido. No les gusta que vaya en moto.
– No ha sido culpa tuya. Intenta descansar ahora.
– Esther, me alegra de que estés bien. Justo ahora que…
– Estaba muy preocupada por ti, Maca… Te quiero. La besó en los labios.
– Yo también te quiero, Esther.

I found this fascinating quote today:

Claire of the Moon is the butt of many a lesbian joke. Why? Well it’s crap for a start – awful clothes, stilted dialogue and dodgy acting by people who seem to think they’re in the lesbian equivalent of Citizen Kane. Also, it reminds those of us of a certain age, just how desperate we were for lesbian characters; so desperate that we paid out enough money for Claire of the Moon to be seen as a hit.gaelick.com, What’s She Doing Now? | gaelick, Feb 2010

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Ellas y nosotras

Esther se despertó muy temprano. Pudo oír la respiración pausada de Maca a su lado. Sonrió para sí y se giró hacia ella, apartándole con cuidado los mechones que le tapaban el rostro. Qué bonita era.

Hablaría con Teresa hoy mismo. Estaba decidida a seguir con Maca. Pensó en su madre. Cómo se lo tomaría? Seguro que como Teresa, o peor.

Sentía una ternura infinita por Maca. Era más vulnerable de lo que pensaba. Y el anillo? Un símbolo de unión, una demostración de que, para Maca, aquéllo era importante.

Miró su rostro relajado, de niña pequeña. Te quiero, le susurró.

Permaneció despierta hasta que oyó el despertador.
– Buenos días…
– Mmmmm… Quién eres tú?, bromeó Maca.
– La asistenta, no te acuerdas?
– Claro… Puedes servirme el desayuno?
– Ahora mismo, señora. Esther hizo ademán de levantarse, pero Maca la cogió por la cintura y la atrajo hacia sí.
– De eso nada. Ven aquí y salúdame como es debido. Maca la besó profundamente, acariciando el vientre cálido de Esther. Un día de éstos te voy a comer enterita, dijo sonriendo.
– Pues bueno, pero que sepas que dentro de una hora hemos de estar en el hospital.
– Uf, qué pocas ganas… me quedaría en casa todo el día.
– Sí, para alegría de Vilches y de Teresa, bromeó Esther.
– Vaaaale, me levanto y preparo café. Te duchas tú primero?

Desayunaron y fueron a buscar la moto.
– Uf, qué tarde es.
– Tranquila, en diez minutos estamos allí.
– No corras.
– No sufras. Estás lista?

Estaban casi llegando al hospital cuando un coche se saltó un semáforo y las embistió. Las dos cayeron al suelo, en direcciones opuestas. El conductor frenó y varias personas se acercaron para ayudar a Esther. Le sangraba una rodilla pero estaba bien, tan solo un poco confusa. Le temblaban las piernas. Dónde estaba Maca?

La encontraron debajo de la moto, inconsciente. Dos hombres levantaron la moto. Esther gritó su nombre. No quiso quitarle el casco. Una ambulancia!!!!, gritó.

La ambulancia del Samur y la policía llegaron diez minutos después. Esther no podía dejar de llorar, impotente. Sus compañeros inmovilizaron a Maca y la subieron a la ambulancia. Tranquila Esther, le dijo Silvia.

En el muelle del hospital, Vilches esperaba impaciente. Les habían avisado de su llegada. Teresa estaba a su lado, sin abrir boca. Estaba muy nerviosa.

La ambulancia llegó y llevaron a Maca a uno de los boxes. Teresa ayudó a bajar a Esther, le dolía mucho la rodilla.
– Esther, cariño, déjame que te ayude.
– Estoy bien, quiero ir al box.
– Te tienen que ver esta rodilla, estás cojeando.
– Luego, luego. Quiero estar con Maca.

Cruz llegó corriendo.
– Me acaban de avisar. Estabas con Maca?
– Sí, hemos venido juntas. Está inconsciente, lloró.
– Ahora mismo le haremos un tac. Déjame que vea esta rodilla.
– Luego, quiero ver a Maca.
– No estás en condiciones de entrar en el box. Siéntate en la silla y te llevo a hacer una radiografía ahora mismo.

Cruz la llevó al ascensor. Esther no dejaba de llorar. Un colega les dijo que las llamarían lo antes posible.
– Tranquila, ya verás que todo se queda en un susto. Maca es muy fuerte.
– Cruz… estoy muy asustada. Justo ahora que…
– Ya lo sé, bonita. Maca me lo dijo ayer. Y que quería comprar algo especial para San Valentín.
– Anoche me regaló este anillo. No quería esperar al domingo… Su voz se quebró.
– En cuanto te hagan la radiografía, te hago la cura y volvemos al box, vale? Cruz le dio un beso en la mejilla.

Casi una hora después, volvieron a Urgencias. El box estaba vacío.
– Dónde está Maca?
– La han subido para que le hagan un tac. Vilches está con ella, respondió Teresa. Cómo estás, Esther?
– No tiene nada roto, es sólo el golpe. Me la llevo a la sala de curas.
Esther permaneció en silencio, pensativa.
– Quieres que llame a tu madre?, preguntó Teresa.
– No, ya la llamaré más tarde.
– Esther, yo… lo siento.
– No te preocupes. Házme un favor y llama a una sustituta. Yo no puedo trabajar hoy.
– Claro, ahora mismo miro quien está libre.

Dos larguísimas horas después, Vilches les informó.
– Sigue inconsciente, pero no he detectado nada extraño. Una contusión en las cervicales, tal vez se golpeó con un bordillo. Respira autónomamente. Voy a ingresarla, tenemos que esperar a que se despierte. Tú estás bien?
– Sí, pero no voy a trabajar. Quiero estar con Maca.
– Quédate aquí y te aviso cuando esté hecho el ingreso, así puedes quedarte con ella. No sabía que fuérais amigas.
– Es algo más que eso, dijo Cruz, empujando a Vilches a la puerta. Dáte prisa.

Teresa entró con una taza en la mano. Te he preparado una tila doble, le dijo en voz baja.
– Gracias. Estoy muy cansada.
– Y Maca?
– La van a ingresar, aún está inconsciente. Esther empezó a llorar de nuevo.
– No llores, ya verás que todo irá bien.
– Si le pasa algo, yo…
– No seas negativa. Maca se pondrá bien y seréis felices, ya lo verás.
– Ya no estás enfadada?
– Anoche no pude dormir, me excedí con vosotras dos. Os debo una disculpa. No soy nadie para juzgar a los demás. Lo siento mucho, de verdad.
– Has de entender que Maca significa mucho para mí.
– Ahora me doy cuenta. Supongo que soy muy vieja para algunas cosas, pero me acostumbraré.
– Gracias, Teresa. Necesito todo tu apoyo.

Vilches asomó la cabeza.
– Vamos a llevar a Maca a la primera planta, habitación 106. También hay un sofá, así podrás descansar. Guiñó un ojo y se fue sin esperar respuesta.

– Anda, vamos. Teresa empujó la silla de ruedas. Vamos a ver a Maca.

Maca invitó a cenar a Esther en su casa esa noche. Llamó a un servicio de catering, no tenía ganas de cocinar. Estaba preparando la mesa cuando Esther sonó al timbre.
– Hola!
– Hola cariño, dijo Maca, besándola. Y esos tulipanes?
– Los encontré abajo, en una papelera, bromeó Esther.
– Ah, pues nada, los tiro ahora mismo, ja ja!
– Qué bien huele!
– Sí, en cinco minutos está todo listo. Pónte cómoda.

Esther curioseó por la sala, notando cada detalle. Maca tenía muchos libros, algunos de ellos en inglés.
– Menuda biblioteca!
– Sí, me encanta leer.
– Y todos éstos en inglés?
– Libros que no se encuentran por aquí. Ya sabes, de “ese” tema, bromeó. Me estuve informando mucho antes de salir.
– Salir adónde?
– No “adónde”, sino “de dónde”. De dónde va a ser, Esther? Del armario!
– Ja ja, qué tonta soy!
– Ven aquí, tontita mía, que la cena ya está lista.

Tras la cena, se sentaron en el sofá.
– Tengo una cosita para ti.
– Qué es?
– Ten, ábrelo. Maca le dio un pequeño paquete. Dentro había dos anillos de plata, esmaltados en azul y verde.
– Qué bonitos!!!
– Te gustan? Había pensado en uno para cada una…
– No sé qué decir…
– No significan nada especial… bueno, sí. Ya sabes qué día es el domingo, no? Quería compartir algo contigo. Pero no estás obligada…
– Me encantan, Maca. Y por qué ahora y no el domingo?
– Soy muy impaciente, dijo sonriendo. Los ojos le brillaban.
– Puedo probármelo?
– Claro! Espero que sea de la medida justa. No estaba muy segura.
– Me va perfecto.
– Estupendo. El mío también.
– Muchas gracias… Nadie me había regalado un anillo antes. Es precioso!
– Y un besito?
– Todos los que quieras… Somos novias formales? Rió.
– Superformales, ja ja ja! La cara que pondrá Teresa cuando los vea…
– Uf, no me lo recuerdes, tengo pendiente una charla con ella.
– Olvídate de eso ahora. Ven aquí, voy a enseñarte una habitación que no has visto aún…
– Así? Sin hacer la digestión ni nada?, bromeó Esther.
– No te va a hacer falta, sonrió Maca, llevándola de la mano al dormitorio.

– Esther, vamos a comer?
– Sí, acabo en 20 minutos. Me esperas?
– Claro. Estaré en la sala.
 
Teresa siguió la conversación sin levantar la vista. Esperó cinco minutos y se dirigió a la sala. Maca estaba sola, repasando unos informes.
– Te parece normal lo que estás haciendo?
– A qué te refieres, Teresa?
– A lo tuyo con Esther.
– Oye Teresa, te importaría no meterte en la vida de los demás, especialmente la mía? Maca empezaba a enfadarse.
– Mira, yo conozco muy bien a Esther. Jamás se liaría con una mujer. Si lo sabré yo, he sido su paño de lágrimas cada vez que uno de sus novios la dejaba. No quiero que sufra más, y menos por tu culpa.
– Cálmate, por favor. No hacemos nada malo.
– Nada malo? Espera a que se entere todo el mundo! Os pondrán de patitas en la calle, ya lo verás!
– Teresa, voy a dar por terminada esta conversación ahora mismo. Si Esther quiere estar conmigo, lo estará.
 
Maca salió enojada de la sala, justo antes de que Esther abriera la puerta.
– Pero qué pasa?
– Anda, vámonos a comer y cambiar de aires.
 
Fueron a un pequeño restaurante, cerca del hospital.
– Me vas a contar lo que pasa?
– Nada importante. Qué quieres comer, cariño?
– No cambies de tema. Se te nota en la cara que estás enfadada. Qué hacía Teresa en la sala?
– Me ha echado una bronca increíble. No tenías que haberle dicho nada.
– Vaya…
– Lo entendería si fuera tu madre, pero… Ojalá nos hubiésemos quedado en la sierra, la verdad. Me ha amargado el día… Esther, tú quieres seguir conmigo?
– Pero qué tonterías dices, claro que sí! Esther la cogió de la mano. Me encanta estar contigo.
– Sólo quería estar segura, sonrió Maca. Lo demás me trae sin cuidado. Lo siento, es que esta bronca me ha recordado la que tuve con mis padres.
– Seguro que fue muy duro para ti.
Maca bajó la mirada, un mechón de pelo le cubrió el ojo izquierdo.
– Pasé de ser el ojito derecho de papá a ser la oveja negra de la familia…
– Lo siento.
– Por eso me fui de Jerez, quería alejarme de aquel ambiente asfixiante.
– Lo comprendo. Yo sólo tengo a mi madre, pero no querría tenerla en mi contra. Echa mucho de menos a mi padre y lo único que quiere es que siente la cabeza, me busque un novio y me case.
– Me la has de presentar un día, así le haré cambiar de idea, bromeó Maca.
 
Volvieron al hospital. Teresa estaba al teléfono y no las miró. Esther decidió que hablaría con ella lo antes posible.

Esther llegó bostezando al hospital. La recepción estaba desierta. Firmaba la entrada cuando llegó Teresa, café en mano.
– Buenos días, Esther.
– Hola, Teresa. Qué frío hace!

Esther le cogió el café y se bebió la mitad.
– Pero, qué haces?
– Perdona, ahora te traigo otro. Es que no me aguanto…
– Cómo fue el fin de semana? Estuvísteis solas o Maca invitó a sus amigos pijos? A ver si te encuentra un novio rico que te retire!
– Mira, Teresa… He de decirte algo.
– Qué?
– Aquí no… Vénte cinco minutos al vestuario, te lo digo mientras me cambio.
– Huy, cuánto misterio! Bueno, ahora vengo.

El vestuario estaba vacío. Esther se cambió rápidamente de ropa.

– Bueno, ya estoy aquí. Qué es eso tan importante que tienes que decirme?
– Ven, siéntate… Verás, todo fue muy bien en la sierra… Maca y yo…
– Ya! Ligásteis, a que sí? Dijo Teresa, dándose una palmada en el muslo. Lo imaginaba. Y con quién?
– Con nadie, Teresa… quiero decir… Maca y yo estamos juntas.

Teresa se quedó muda. Miraba a Esther sin salir de su asombro.
– Qué me estás diciendo, Esther?
– Ya sé que suena raro, pero es cierto.
– Pero Esther… cómo es posible?
– Mira, Teresa… a Maca le gustan las mujeres. Se fijó en mí, Dios sabe porqué, y yo… yo también.
– Esther, tú no estás bien. Ya sé que has pasado una mala racha y que tu novio se lió con otra, pero de ahí a cambiar de acera!!!
– Teresa, a ver si lo entiendes… Maca es lo mejor que me ha pasado en la vida. Házte a la idea.
– Mira, haz lo que quieras, pero creo que vas por mal camino. Teresa salió del vestuario dando un portazo.

Esther se quedó pensativa. Quería mucho a Teresa y necesitaba su aprobación. Se preguntó si podría afrontar otras opiniones negativas de la gente que le importaba.

Teresa no entendía nada. Esther y Maca, juntas? Se le ponían los pelos de punta. Qué diría la gente del hospital? Porque tarde o temprano, todos se enterarían.

Maca llegó en aquel momento, luciendo su mejor sonrisa.
– Muy buenos días, Teresa.
– Lo serán para ti, respondió sin mirarla.
– Qué pasa?
– Nada, cosas mías.
– Bueno, voy para adentro. Ha llegado Esther?
– No tengo ni idea.
– Ah… bueno, ya la buscaré.

Maca fue a la cafetería, Esther se estaba sirviendo un café.
– Hola cariño, le susurró Maca al oído.

Esther dio un respingo, no la había visto llegar.
– Hola, Maca. Le costaba sonreír.
– Pasa algo?
– No… bueno, sí.
– Me lo vas a decir? Te pasa algo conmigo? Maca empezaba a ponerse nerviosa.
– No, no… Es que, mira… he llegado tan contenta, y Teresa me ha preguntado sobre el fin de semana. Yo… yo le he contado todo, y se ha puesto hecha una furia…
– Ya… bueno, es normal que reaccione así. Te conoce desde hace muchos años. Dále tiempo.
– Es que… me preocupa que todo el mundo reaccione de esta manera.
– Bueno, la gente es libre de pensar lo que quiera. Pero lo importante es que tú estés segura de lo que quieres. No podemos borrar de un plumazo los prejuicios de la gente.
– Tienes razón… lo que pasa es que he llegado tan ilusionada… Pensaba que se alegraría por mí.
– Mira, mis padres tampoco dan saltos de alegría, y menos aún desde lo de la famosa boda. Pero no me arrepiento, yo no quería llevar una vida falsa sólo para acontentar a los demás.
– Tú eres más fuerte que yo, más segura de ti misma.
– Te equivocas, yo tengo miedo como todo el mundo. Pero no me paralizo, saco fuerzas y sigo adelante. No se puede vivir con miedo, Esther.
– Ya… en fin, ya se me pasará.
– Cuenta conmigo para lo que sea. Eh, bonita? Maca sonrió, apretó el brazo de Esther y se fue a Pediatría.

Maca perdió la sonrisa en cuanto dejó la cafetería. No quería preocuparse en exceso, pero… y si Esther se volvía atrás?