Esther se despertó, la luz del mediodía inundaba la habitación. Le costó reconocer el lugar durante unos segundos. Alargó la mano buscando a Maca, pero no estaba allí. La llamó, sin obtener respuesta. Oyó ruido en el otro extremo de la casa, se puso el pijama y se dirigió a la cocina.
– Qué haces?
– Hola, bella durmiente. Quería llevarte el desayuno a la cama, me has chafado la sorpresa. Maca le dio un beso rápido, estaba sirviendo el café en dos tazas.
– Huy, qué bien. Desayuno? Qué hora es?
– Bueno, son casi las cuatro. Más que un desayuno, es un brunch.
– Brunch? Acuérdate que soy de pueblo, ja ja!
– Pues hala pueblerina, vuelve a la cama, que yo llego en un minuto.
– A la orden!
 
Esther volvió a la cama, se sentía de muy buen humor.
– Qué hambre!
– Sí, hemos de reponer fuerzas.
 
Esther se sonrojó, recordando la noche anterior.
– Qué te apetece hacer después?, preguntó Maca. No nos quedan muchas horas de luz. Lo digo por si quieres dar un paseo…
– Bueno… sí, la verdad es que me gustaría que me enseñaras el lago.
– Vale. Comemos y vamos a dar un paseo. Maca volvió a besarla. Esther le devolvió el beso, sintiendo otro tipo de hambre.
– Claro que, si no vamos hoy, podemos ir mañana…
– Esther, me sorprendes!, bromeó Maca.
– Tal vez puedas enseñarme otras cosas… No sé si anoche estuve a la altura…
– Cariño, estuviste MUY a la altura, pero hemos de aprender a saber lo que la otra quiere, dijo Maca en voz baja, mientras mordisqueaba su oreja. Besó su cuello y cubrió sus senos con ambas manos, acariciándolos. Esther sintió calor en su vientre, Maca la encendía como nadie y le encantaba que lo hiciese lentamente.

Mientras la besaba, empezó a acariciar su pubis. Esther empezó a respirar entrecortadamente y entreabrió sus piernas. Los dedos de Maca se movían ágiles, presionando y liberando su presa. Esther quiso corresponder a sus caricias y se puso de lado, acariciando a su vez los senos de Maca. Quiso imitarla, pero Maca le susurró “luego”, mientras la acariciaba íntimamente. Esther empezó a mover sus caderas, cerró los ojos con fuerza mientras una oleada de placer la invadía. Se dejó llevar por ella mientras susurraba el nombre de Maca, quien la abrazó hasta que recobró el aliento. Estuvieron un rato en silencio, los labios de Maca apoyados en la frente de Esther.
– Maca, nadie me ha hecho sentir así jamás. Es como empezar de cero…
– Es el mejor cumplido que he recibido. Me gusta hacerte feliz, Esther.
– Yo también quiero hacerte feliz…

Esther imitó los movimientos que acababa de aprender. Apretó los senos de Maca mientras la besaba. Ésta se giró y Esther besó y acarició su espalda, sus nalgas. Con la mano izquierda comenzó a acariciar su vientre, bajando al pubis. Maca gemía suavemente y empezó a mover sus caderas lentamente. Tomó la mano de Esther y la guió con destreza. Esther notó su humedad y siguió acariciándola, presionando cada vez más. Maca siguió moviéndose, gimió y enarcó la espalda, relajándose a continuación.
– Qué maravilla… murmuró Maca.
– En serio te ha gustado?
– Tienes un talento natural, Esther. No puedo creer que no hayas estado antes con una mujer, bromeó Maca.
Esther se rió bajito, abrazándola.
 
Decidieron quedarse en casa, estaba nevando de nuevo. Cenaron y Maca propuso ver “Media hora más contigo”, se había traído el dvd de casa.
– De qué va?, preguntó Esther mientras miraba la carátula.
– Es la historia de una profesora que va a Reno para divorciarse. Se aloja en un rancho y acaba enamorándose de la hijastra de la mujer del rancho. Es una de mis películas favoritas, un clásico del género.
– Ya veo que lo tenías todo organizado, bromeó Esther.
– Quién, yo? Por quién me tomas?, sonrió Maca. Además, es una peli romántica. Como me dijiste que has visto “Pretty Woman” 15 veces…
– Sí, lo admito, soy una romanticona, ja ja!
– Una princesita, eso eres tú! Y yo la rana, ja ja!
– Pues ven aquí, que te dé un beso…
 
El domingo lo pasaron paseando por el lago. Hacía sol y la vista era magnífica. Se cruzaron con otras parejas y varios niños que jugaban en la nieve. Iban cogidas de la mano, y Esther no podía evitar mirar de reojo a quien se cruzaba con ellas.
– Te molesta que te coja de la mano en público?
– No… no es eso, es que me da un poco de reparo por los demás.
– Tonterías, Esther. No hacemos nada malo… te avergüenzas de estar conmigo?
– Claro que no! Sólo he de acostumbrarme…
– Más te vale, Esther. Ahora que te he encontrado, no te pienso soltar, bromeó Maca.
 
Volvieron a Madrid esa tarde. Maca acompañó a Esther a casa.
– No quieres subir?
– Dame una tregua, cariño. Me duele todo el cuerpo, rió Maca. Además, tú empiezas muy temprano mañana, tienes que dormir.
– Pues sí… Maca, gracias por todo, ha sido inolvidable.
– Espero que sea el primero de muchos días contigo…
– Yo también.
Se besaron en el coche y Esther subió a casa. Maca esperó a que entrara en el portal. Buenas noches mi amor, murmuró. Volvió a casa, recordando cada minuto. Macarena Fernández Wilson, te estás enamorando, se dijo a sí misma, sonriendo.