Esther llegó bostezando al hospital. La recepción estaba desierta. Firmaba la entrada cuando llegó Teresa, café en mano.
– Buenos días, Esther.
– Hola, Teresa. Qué frío hace!

Esther le cogió el café y se bebió la mitad.
– Pero, qué haces?
– Perdona, ahora te traigo otro. Es que no me aguanto…
– Cómo fue el fin de semana? Estuvísteis solas o Maca invitó a sus amigos pijos? A ver si te encuentra un novio rico que te retire!
– Mira, Teresa… He de decirte algo.
– Qué?
– Aquí no… Vénte cinco minutos al vestuario, te lo digo mientras me cambio.
– Huy, cuánto misterio! Bueno, ahora vengo.

El vestuario estaba vacío. Esther se cambió rápidamente de ropa.

– Bueno, ya estoy aquí. Qué es eso tan importante que tienes que decirme?
– Ven, siéntate… Verás, todo fue muy bien en la sierra… Maca y yo…
– Ya! Ligásteis, a que sí? Dijo Teresa, dándose una palmada en el muslo. Lo imaginaba. Y con quién?
– Con nadie, Teresa… quiero decir… Maca y yo estamos juntas.

Teresa se quedó muda. Miraba a Esther sin salir de su asombro.
– Qué me estás diciendo, Esther?
– Ya sé que suena raro, pero es cierto.
– Pero Esther… cómo es posible?
– Mira, Teresa… a Maca le gustan las mujeres. Se fijó en mí, Dios sabe porqué, y yo… yo también.
– Esther, tú no estás bien. Ya sé que has pasado una mala racha y que tu novio se lió con otra, pero de ahí a cambiar de acera!!!
– Teresa, a ver si lo entiendes… Maca es lo mejor que me ha pasado en la vida. Házte a la idea.
– Mira, haz lo que quieras, pero creo que vas por mal camino. Teresa salió del vestuario dando un portazo.

Esther se quedó pensativa. Quería mucho a Teresa y necesitaba su aprobación. Se preguntó si podría afrontar otras opiniones negativas de la gente que le importaba.

Teresa no entendía nada. Esther y Maca, juntas? Se le ponían los pelos de punta. Qué diría la gente del hospital? Porque tarde o temprano, todos se enterarían.

Maca llegó en aquel momento, luciendo su mejor sonrisa.
– Muy buenos días, Teresa.
– Lo serán para ti, respondió sin mirarla.
– Qué pasa?
– Nada, cosas mías.
– Bueno, voy para adentro. Ha llegado Esther?
– No tengo ni idea.
– Ah… bueno, ya la buscaré.

Maca fue a la cafetería, Esther se estaba sirviendo un café.
– Hola cariño, le susurró Maca al oído.

Esther dio un respingo, no la había visto llegar.
– Hola, Maca. Le costaba sonreír.
– Pasa algo?
– No… bueno, sí.
– Me lo vas a decir? Te pasa algo conmigo? Maca empezaba a ponerse nerviosa.
– No, no… Es que, mira… he llegado tan contenta, y Teresa me ha preguntado sobre el fin de semana. Yo… yo le he contado todo, y se ha puesto hecha una furia…
– Ya… bueno, es normal que reaccione así. Te conoce desde hace muchos años. Dále tiempo.
– Es que… me preocupa que todo el mundo reaccione de esta manera.
– Bueno, la gente es libre de pensar lo que quiera. Pero lo importante es que tú estés segura de lo que quieres. No podemos borrar de un plumazo los prejuicios de la gente.
– Tienes razón… lo que pasa es que he llegado tan ilusionada… Pensaba que se alegraría por mí.
– Mira, mis padres tampoco dan saltos de alegría, y menos aún desde lo de la famosa boda. Pero no me arrepiento, yo no quería llevar una vida falsa sólo para acontentar a los demás.
– Tú eres más fuerte que yo, más segura de ti misma.
– Te equivocas, yo tengo miedo como todo el mundo. Pero no me paralizo, saco fuerzas y sigo adelante. No se puede vivir con miedo, Esther.
– Ya… en fin, ya se me pasará.
– Cuenta conmigo para lo que sea. Eh, bonita? Maca sonrió, apretó el brazo de Esther y se fue a Pediatría.

Maca perdió la sonrisa en cuanto dejó la cafetería. No quería preocuparse en exceso, pero… y si Esther se volvía atrás?