– Esther, vamos a comer?
– Sí, acabo en 20 minutos. Me esperas?
– Claro. Estaré en la sala.
 
Teresa siguió la conversación sin levantar la vista. Esperó cinco minutos y se dirigió a la sala. Maca estaba sola, repasando unos informes.
– Te parece normal lo que estás haciendo?
– A qué te refieres, Teresa?
– A lo tuyo con Esther.
– Oye Teresa, te importaría no meterte en la vida de los demás, especialmente la mía? Maca empezaba a enfadarse.
– Mira, yo conozco muy bien a Esther. Jamás se liaría con una mujer. Si lo sabré yo, he sido su paño de lágrimas cada vez que uno de sus novios la dejaba. No quiero que sufra más, y menos por tu culpa.
– Cálmate, por favor. No hacemos nada malo.
– Nada malo? Espera a que se entere todo el mundo! Os pondrán de patitas en la calle, ya lo verás!
– Teresa, voy a dar por terminada esta conversación ahora mismo. Si Esther quiere estar conmigo, lo estará.
 
Maca salió enojada de la sala, justo antes de que Esther abriera la puerta.
– Pero qué pasa?
– Anda, vámonos a comer y cambiar de aires.
 
Fueron a un pequeño restaurante, cerca del hospital.
– Me vas a contar lo que pasa?
– Nada importante. Qué quieres comer, cariño?
– No cambies de tema. Se te nota en la cara que estás enfadada. Qué hacía Teresa en la sala?
– Me ha echado una bronca increíble. No tenías que haberle dicho nada.
– Vaya…
– Lo entendería si fuera tu madre, pero… Ojalá nos hubiésemos quedado en la sierra, la verdad. Me ha amargado el día… Esther, tú quieres seguir conmigo?
– Pero qué tonterías dices, claro que sí! Esther la cogió de la mano. Me encanta estar contigo.
– Sólo quería estar segura, sonrió Maca. Lo demás me trae sin cuidado. Lo siento, es que esta bronca me ha recordado la que tuve con mis padres.
– Seguro que fue muy duro para ti.
Maca bajó la mirada, un mechón de pelo le cubrió el ojo izquierdo.
– Pasé de ser el ojito derecho de papá a ser la oveja negra de la familia…
– Lo siento.
– Por eso me fui de Jerez, quería alejarme de aquel ambiente asfixiante.
– Lo comprendo. Yo sólo tengo a mi madre, pero no querría tenerla en mi contra. Echa mucho de menos a mi padre y lo único que quiere es que siente la cabeza, me busque un novio y me case.
– Me la has de presentar un día, así le haré cambiar de idea, bromeó Maca.
 
Volvieron al hospital. Teresa estaba al teléfono y no las miró. Esther decidió que hablaría con ella lo antes posible.