Maca invitó a cenar a Esther en su casa esa noche. Llamó a un servicio de catering, no tenía ganas de cocinar. Estaba preparando la mesa cuando Esther sonó al timbre.
– Hola!
– Hola cariño, dijo Maca, besándola. Y esos tulipanes?
– Los encontré abajo, en una papelera, bromeó Esther.
– Ah, pues nada, los tiro ahora mismo, ja ja!
– Qué bien huele!
– Sí, en cinco minutos está todo listo. Pónte cómoda.

Esther curioseó por la sala, notando cada detalle. Maca tenía muchos libros, algunos de ellos en inglés.
– Menuda biblioteca!
– Sí, me encanta leer.
– Y todos éstos en inglés?
– Libros que no se encuentran por aquí. Ya sabes, de “ese” tema, bromeó. Me estuve informando mucho antes de salir.
– Salir adónde?
– No “adónde”, sino “de dónde”. De dónde va a ser, Esther? Del armario!
– Ja ja, qué tonta soy!
– Ven aquí, tontita mía, que la cena ya está lista.

Tras la cena, se sentaron en el sofá.
– Tengo una cosita para ti.
– Qué es?
– Ten, ábrelo. Maca le dio un pequeño paquete. Dentro había dos anillos de plata, esmaltados en azul y verde.
– Qué bonitos!!!
– Te gustan? Había pensado en uno para cada una…
– No sé qué decir…
– No significan nada especial… bueno, sí. Ya sabes qué día es el domingo, no? Quería compartir algo contigo. Pero no estás obligada…
– Me encantan, Maca. Y por qué ahora y no el domingo?
– Soy muy impaciente, dijo sonriendo. Los ojos le brillaban.
– Puedo probármelo?
– Claro! Espero que sea de la medida justa. No estaba muy segura.
– Me va perfecto.
– Estupendo. El mío también.
– Muchas gracias… Nadie me había regalado un anillo antes. Es precioso!
– Y un besito?
– Todos los que quieras… Somos novias formales? Rió.
– Superformales, ja ja ja! La cara que pondrá Teresa cuando los vea…
– Uf, no me lo recuerdes, tengo pendiente una charla con ella.
– Olvídate de eso ahora. Ven aquí, voy a enseñarte una habitación que no has visto aún…
– Así? Sin hacer la digestión ni nada?, bromeó Esther.
– No te va a hacer falta, sonrió Maca, llevándola de la mano al dormitorio.