Esther se despertó muy temprano. Pudo oír la respiración pausada de Maca a su lado. Sonrió para sí y se giró hacia ella, apartándole con cuidado los mechones que le tapaban el rostro. Qué bonita era.

Hablaría con Teresa hoy mismo. Estaba decidida a seguir con Maca. Pensó en su madre. Cómo se lo tomaría? Seguro que como Teresa, o peor.

Sentía una ternura infinita por Maca. Era más vulnerable de lo que pensaba. Y el anillo? Un símbolo de unión, una demostración de que, para Maca, aquéllo era importante.

Miró su rostro relajado, de niña pequeña. Te quiero, le susurró.

Permaneció despierta hasta que oyó el despertador.
– Buenos días…
– Mmmmm… Quién eres tú?, bromeó Maca.
– La asistenta, no te acuerdas?
– Claro… Puedes servirme el desayuno?
– Ahora mismo, señora. Esther hizo ademán de levantarse, pero Maca la cogió por la cintura y la atrajo hacia sí.
– De eso nada. Ven aquí y salúdame como es debido. Maca la besó profundamente, acariciando el vientre cálido de Esther. Un día de éstos te voy a comer enterita, dijo sonriendo.
– Pues bueno, pero que sepas que dentro de una hora hemos de estar en el hospital.
– Uf, qué pocas ganas… me quedaría en casa todo el día.
– Sí, para alegría de Vilches y de Teresa, bromeó Esther.
– Vaaaale, me levanto y preparo café. Te duchas tú primero?

Desayunaron y fueron a buscar la moto.
– Uf, qué tarde es.
– Tranquila, en diez minutos estamos allí.
– No corras.
– No sufras. Estás lista?

Estaban casi llegando al hospital cuando un coche se saltó un semáforo y las embistió. Las dos cayeron al suelo, en direcciones opuestas. El conductor frenó y varias personas se acercaron para ayudar a Esther. Le sangraba una rodilla pero estaba bien, tan solo un poco confusa. Le temblaban las piernas. Dónde estaba Maca?

La encontraron debajo de la moto, inconsciente. Dos hombres levantaron la moto. Esther gritó su nombre. No quiso quitarle el casco. Una ambulancia!!!!, gritó.

La ambulancia del Samur y la policía llegaron diez minutos después. Esther no podía dejar de llorar, impotente. Sus compañeros inmovilizaron a Maca y la subieron a la ambulancia. Tranquila Esther, le dijo Silvia.

En el muelle del hospital, Vilches esperaba impaciente. Les habían avisado de su llegada. Teresa estaba a su lado, sin abrir boca. Estaba muy nerviosa.

La ambulancia llegó y llevaron a Maca a uno de los boxes. Teresa ayudó a bajar a Esther, le dolía mucho la rodilla.
– Esther, cariño, déjame que te ayude.
– Estoy bien, quiero ir al box.
– Te tienen que ver esta rodilla, estás cojeando.
– Luego, luego. Quiero estar con Maca.

Cruz llegó corriendo.
– Me acaban de avisar. Estabas con Maca?
– Sí, hemos venido juntas. Está inconsciente, lloró.
– Ahora mismo le haremos un tac. Déjame que vea esta rodilla.
– Luego, quiero ver a Maca.
– No estás en condiciones de entrar en el box. Siéntate en la silla y te llevo a hacer una radiografía ahora mismo.

Cruz la llevó al ascensor. Esther no dejaba de llorar. Un colega les dijo que las llamarían lo antes posible.
– Tranquila, ya verás que todo se queda en un susto. Maca es muy fuerte.
– Cruz… estoy muy asustada. Justo ahora que…
– Ya lo sé, bonita. Maca me lo dijo ayer. Y que quería comprar algo especial para San Valentín.
– Anoche me regaló este anillo. No quería esperar al domingo… Su voz se quebró.
– En cuanto te hagan la radiografía, te hago la cura y volvemos al box, vale? Cruz le dio un beso en la mejilla.

Casi una hora después, volvieron a Urgencias. El box estaba vacío.
– Dónde está Maca?
– La han subido para que le hagan un tac. Vilches está con ella, respondió Teresa. Cómo estás, Esther?
– No tiene nada roto, es sólo el golpe. Me la llevo a la sala de curas.
Esther permaneció en silencio, pensativa.
– Quieres que llame a tu madre?, preguntó Teresa.
– No, ya la llamaré más tarde.
– Esther, yo… lo siento.
– No te preocupes. Házme un favor y llama a una sustituta. Yo no puedo trabajar hoy.
– Claro, ahora mismo miro quien está libre.

Dos larguísimas horas después, Vilches les informó.
– Sigue inconsciente, pero no he detectado nada extraño. Una contusión en las cervicales, tal vez se golpeó con un bordillo. Respira autónomamente. Voy a ingresarla, tenemos que esperar a que se despierte. Tú estás bien?
– Sí, pero no voy a trabajar. Quiero estar con Maca.
– Quédate aquí y te aviso cuando esté hecho el ingreso, así puedes quedarte con ella. No sabía que fuérais amigas.
– Es algo más que eso, dijo Cruz, empujando a Vilches a la puerta. Dáte prisa.

Teresa entró con una taza en la mano. Te he preparado una tila doble, le dijo en voz baja.
– Gracias. Estoy muy cansada.
– Y Maca?
– La van a ingresar, aún está inconsciente. Esther empezó a llorar de nuevo.
– No llores, ya verás que todo irá bien.
– Si le pasa algo, yo…
– No seas negativa. Maca se pondrá bien y seréis felices, ya lo verás.
– Ya no estás enfadada?
– Anoche no pude dormir, me excedí con vosotras dos. Os debo una disculpa. No soy nadie para juzgar a los demás. Lo siento mucho, de verdad.
– Has de entender que Maca significa mucho para mí.
– Ahora me doy cuenta. Supongo que soy muy vieja para algunas cosas, pero me acostumbraré.
– Gracias, Teresa. Necesito todo tu apoyo.

Vilches asomó la cabeza.
– Vamos a llevar a Maca a la primera planta, habitación 106. También hay un sofá, así podrás descansar. Guiñó un ojo y se fue sin esperar respuesta.

– Anda, vamos. Teresa empujó la silla de ruedas. Vamos a ver a Maca.