– Que no, Vilches, que no. No quiero la baja y punto.
– Oye, soy tu médico y harás lo que te ordene.
– Estoy bien, puedo trabajar. No quiero quedarme en casa.
– Mira que eres cabezota. Esther, házla entrar en razón. No quiero verla en Urgencias en una semana.

Vilches salió de la habitación gruñendo. Esther sonrió y se acercó a la cama, sentándose al lado de Maca.

– Ya lo has oído, nada de trabajar.
– Pues yo sola en casa no quiero estar. Prefiero venir a trabajar, aunque sea gratis.
– No estás en condiciones, Maca. Has de llevar el collarín y hacer que esa inflamación baje por completo.
– Pero si no es nada… Cómo va tu rodilla, cariño?
– Mejor… Menuda pareja: tú con tu cuello y yo, coja! Vénte a mi casa unos días, así puedo cuidarte.
– Que no, Esther. Estoy bien.
– Va, no te hagas de rogar.
– Sí, así le damos argumentos a los que dicen que las lesbianas se van a vivir juntas una semana después de conocerse.
– Oye, que yo no soy lesbiana!
– Ah, no?
– No, soy una mujer que se ha enamorado de otra mujer, eso es todo.
– Es así como se lo vas a decir a la gente?
– Ya veremos. Anda, vénte a mi casa. Podré cuidarte y será más fácil decírselo a mi madre.
– Se lo vas a decir?
– Claro, quiero que lo sepa, aunque aún no sé cómo.
– Y crees que será más fácil teniéndome en tu casa?
– Bueno, tendré que explicarle lo del accidente. Seguro que se pasará por casa y ésa es una buena excusa para que os conozcáis, no?
– No sé… yo, es que para estas cosas, soy muy tímida. Y si no le gusto?
– Primero tendrá que hacerse a la idea de que tengo noviA y no noviO, así que no te preocupes. Cada cosa a su tiempo. Voy a buscar tu baja y yo me cojo un día de permiso, así podemos hacerlo todo con calma.
– Mimitos incluidos?, bromeó Maca.
– Claro, tontita.