Category: serie tv


…tal vez un spin off, proximamente? ūüėÄ


Cynthia Nixon sigue dando la cara por el matrimonio gay.

Sean Hayes sale del armario y a nadie le sorprende.

– Que no, Vilches, que no. No quiero la baja y punto.
РOye, soy tu médico y harás lo que te ordene.
– Estoy bien, puedo trabajar. No quiero quedarme en casa.
РMira que eres cabezota. Esther, házla entrar en razón. No quiero verla en Urgencias en una semana.

Vilches sali√≥ de la habitaci√≥n gru√Īendo. Esther sonri√≥ y se acerc√≥ a la cama, sent√°ndose al lado de Maca.

РYa lo has oído, nada de trabajar.
– Pues yo sola en casa no quiero estar. Prefiero venir a trabajar, aunque sea gratis.
РNo estás en condiciones, Maca. Has de llevar el collarín y hacer que esa inflamación baje por completo.
– Pero si no es nada… C√≥mo va tu rodilla, cari√Īo?
– Mejor… Menuda pareja: t√ļ con tu cuello y yo, coja! V√©nte a mi casa unos d√≠as, as√≠ puedo cuidarte.
– Que no, Esther. Estoy bien.
– Va, no te hagas de rogar.
РSí, así le damos argumentos a los que dicen que las lesbianas se van a vivir juntas una semana después de conocerse.
– Oye, que yo no soy lesbiana!
– Ah, no?
– No, soy una mujer que se ha enamorado de otra mujer, eso es todo.
РEs así como se lo vas a decir a la gente?
РYa veremos. Anda, vénte a mi casa. Podré cuidarte y será más fácil decírselo a mi madre.
– Se lo vas a decir?
– Claro, quiero que lo sepa, aunque a√ļn no s√© c√≥mo.
РY crees que será más fácil teniéndome en tu casa?
РBueno, tendré que explicarle lo del accidente. Seguro que se pasará por casa y ésa es una buena excusa para que os conozcáis, no?
– No s√©… yo, es que para estas cosas, soy muy t√≠mida. Y si no le gusto?
РPrimero tendrá que hacerse a la idea de que tengo noviA y no noviO, así que no te preocupes. Cada cosa a su tiempo. Voy a buscar tu baja y yo me cojo un día de permiso, así podemos hacerlo todo con calma.
РMimitos incluidos?, bromeó Maca.
– Claro, tontita.

Continuación de la historia entre Katherine y Robin.

Admirada por la que suscribe desde los tiempos de la a√Īorada serie “Playa de China”, Dana Delany sorprende a la sociedad americana que sigue “Mujeres Desesperadas” con este beso:

Fuente:

Aunque Telecinco sigue castigándonos sin postre los martes por la noche, la alegría vuelve cuando descubro escenas inéditas de Maca y Esther. Este es un montaje de la reconciliación durante la temporada 13.

A Esther se le encogió el corazón cuando vio a Maca. Le habían puesto un collarín para las cervicales y una sonda. Tenía un hematoma en la barbilla, consecuencia del golpe.

– Ay pobrecita, dijo Teresa.
– Teresa, te importa dejarme a solas con Maca?
РClaro que no. Crees que debería avisar a sus padres?
РPues no lo sé. Yo no me atrevo. Ni siquiera lo había pensado, la verdad.
– Bueno, supongo que Vilches querr√° esperar para ver c√≥mo evoluciona. Y t√ļ, no tendr√≠as que avisar a tu madre?
РAhora la llamo, pero no le voy a decir nada de esto. Se pondría sólo nerviosa.
– T√ļ ver√°s. Pero ll√°mala, no te olvides.
– Puedes preguntar por la moto? Supongo que la polic√≠a habr√° avisado a la gr√ļa. Pregunta a los del Samur, quieres?
РSí, claro.

Teresa salió de la habitación. Esther se levantó de la silla y se acercó a la cama, cogiendo la mano de Maca. No podía creer que les estuviera sucediendo esto.
– Cari√Īo, soy yo. Me voy a quedar contigo hasta que te despiertes. Bes√≥ su mejilla y comprob√≥ que la sonda estuviese bien puesta. Se sent√≥ en el sof√° y llam√≥ a su madre.
РHija, ya era hora! Te he estado llamando un montón de veces!
– Perdona mam√°, es que he estado muy liada.
– Vas a venir a cenar hoy?
– No, no puedo… tengo otra guardia.
– Vaya, pensaba que estabas libre. Va todo bien?
РSí, es que estoy cansada y me duele la cabeza.
– Procura descansar, eh? A ver si contratan a m√°s enfermeras de una vez, no puedes seguir con tantas guardias!
– No te preocupes, estoy bien. Te llamo ma√Īana, vale?
РSí. Un beso, hija.
– Hasta luego, mami.

Esther se tumbó en el sofá, estaba agotada. Ojalá pudiera dormir un poco. Buscó en el bolsillo el analgésico que Cruz le había dado antes. Se lo tomó sin agua, intentando relajarse.

Un ruido la despert√≥. La habitaci√≥n estaba a oscuras, excepto por una peque√Īa l√°mpara de emergencia. Cruz estaba auscultando a Maca.
РQué pasa?
РTranquila, sólo la estoy controlando. Vilches se ha ido a casa y me ha pedido que me pasara.
– No reacciona?
РTodavía no. Ha debido de sufrir un buen golpe.
– No podemos hacerle m√°s pruebas?
РNo hace falta, con el tac y las radiografías hemos descartado posibles patologías. Esther, tienes que comer algo. Vamos a la cafetería.
– No tengo hambre.
РTonterías, vénte conmigo. Diez minutos.
– No, Cruz. No quiero dejarla sola.
– Est√° bien, te traigo un bocadillo y un zumo. Hace?
– Como quieras. Gracias.

Esther se sentó en la cama. Tocó el morado de la barbilla y, en ese momento, Maca movió ligeramente la cabeza.
– Maca, me oyes?
– S……. s….. s√≠…
РTranquila, no te esfuerces. La cogió de la mano, sonriendo. Te vas a poner bien, mi amor.
Maca no respondió, pero apretó su mano.

Cruz entró poco después.
– Se est√° despertando!
РEstupendo, déjame ver. Cruz controló las pupilas y le tomó la tensión. Ya te dije que es muy fuerte.
РSí, es un toro. Los ojos de Esther brillaban por la emoción.
– Pues h√°la, ya no tienes excusa para no comer. No quiero que te desmayes por el pasillo.

Tres horas después, oyó carraspear a Maca.
– Es…ther?
РEstoy aquí, dijo acercándose. Cómo estás?
РQué ha pasado?
РTuvimos un accidente con la moto. Un imbécil se saltó el semáforo.
– No me acuerdo. Est√°s bien?
РTranquila, estoy perfectamente. Te diste un golpe en la cabeza, has estado inconsciente casi todo el día.
РQué hora es?
– La una y media. De la noche.
– Y este collar?
РTienes una contusión en las cervicales.
– Uf… tengo para d√≠as.
РTranquila, sólo tienes que descansar.
– Te vas a quedar conmigo?
РClaro, tonta. Para eso soy enfermera, sonrió.
– Gracias, cari√Īo. Estoy muy cansada.
– Descansa ahora. Ya ha pasado todo.
РNo habréis llamado a mi familia, verdad?
РNo. Quería esperar un poco. He hecho mal?
РNo, menudo susto habrían tenido. No les gusta que vaya en moto.
– No ha sido culpa tuya. Intenta descansar ahora.
– Esther, me alegra de que est√©s bien. Justo ahora que…
– Estaba muy preocupada por ti, Maca… Te quiero. La bes√≥ en los labios.
РYo también te quiero, Esther.

Esther se despertó muy temprano. Pudo oír la respiración pausada de Maca a su lado. Sonrió para sí y se giró hacia ella, apartándole con cuidado los mechones que le tapaban el rostro. Qué bonita era.

Hablaría con Teresa hoy mismo. Estaba decidida a seguir con Maca. Pensó en su madre. Cómo se lo tomaría? Seguro que como Teresa, o peor.

Sentía una ternura infinita por Maca. Era más vulnerable de lo que pensaba. Y el anillo? Un símbolo de unión, una demostración de que, para Maca, aquéllo era importante.

Mir√≥ su rostro relajado, de ni√Īa peque√Īa. Te quiero, le susurr√≥.

Permaneció despierta hasta que oyó el despertador.
– Buenos d√≠as…
– Mmmmm… Qui√©n eres t√ļ?, brome√≥ Maca.
– La asistenta, no te acuerdas?
– Claro… Puedes servirme el desayuno?
– Ahora mismo, se√Īora. Esther hizo adem√°n de levantarse, pero Maca la cogi√≥ por la cintura y la atrajo hacia s√≠.
– De eso nada. Ven aqu√≠ y sal√ļdame como es debido. Maca la bes√≥ profundamente, acariciando el vientre c√°lido de Esther. Un d√≠a de √©stos te voy a comer enterita, dijo sonriendo.
– Pues bueno, pero que sepas que dentro de una hora hemos de estar en el hospital.
– Uf, qu√© pocas ganas… me quedar√≠a en casa todo el d√≠a.
РSí, para alegría de Vilches y de Teresa, bromeó Esther.
– Vaaaale, me levanto y preparo caf√©. Te duchas t√ļ primero?

Desayunaron y fueron a buscar la moto.
РUf, qué tarde es.
РTranquila, en diez minutos estamos allí.
– No corras.
– No sufras. Est√°s lista?

Estaban casi llegando al hospital cuando un coche se saltó un semáforo y las embistió. Las dos cayeron al suelo, en direcciones opuestas. El conductor frenó y varias personas se acercaron para ayudar a Esther. Le sangraba una rodilla pero estaba bien, tan solo un poco confusa. Le temblaban las piernas. Dónde estaba Maca?

La encontraron debajo de la moto, inconsciente. Dos hombres levantaron la moto. Esther gritó su nombre. No quiso quitarle el casco. Una ambulancia!!!!, gritó.

La ambulancia del Samur y la polic√≠a llegaron diez minutos despu√©s. Esther no pod√≠a dejar de llorar, impotente. Sus compa√Īeros inmovilizaron a Maca y la subieron a la ambulancia. Tranquila Esther, le dijo Silvia.

En el muelle del hospital, Vilches esperaba impaciente. Les habían avisado de su llegada. Teresa estaba a su lado, sin abrir boca. Estaba muy nerviosa.

La ambulancia llegó y llevaron a Maca a uno de los boxes. Teresa ayudó a bajar a Esther, le dolía mucho la rodilla.
– Esther, cari√Īo, d√©jame que te ayude.
– Estoy bien, quiero ir al box.
– Te tienen que ver esta rodilla, est√°s cojeando.
– Luego, luego. Quiero estar con Maca.

Cruz llegó corriendo.
– Me acaban de avisar. Estabas con Maca?
РSí, hemos venido juntas. Está inconsciente, lloró.
РAhora mismo le haremos un tac. Déjame que vea esta rodilla.
– Luego, quiero ver a Maca.
РNo estás en condiciones de entrar en el box. Siéntate en la silla y te llevo a hacer una radiografía ahora mismo.

Cruz la llevó al ascensor. Esther no dejaba de llorar. Un colega les dijo que las llamarían lo antes posible.
– Tranquila, ya ver√°s que todo se queda en un susto. Maca es muy fuerte.
– Cruz… estoy muy asustada. Justo ahora que…
РYa lo sé, bonita. Maca me lo dijo ayer. Y que quería comprar algo especial para San Valentín.
– Anoche me regal√≥ este anillo. No quer√≠a esperar al domingo… Su voz se quebr√≥.
РEn cuanto te hagan la radiografía, te hago la cura y volvemos al box, vale? Cruz le dio un beso en la mejilla.

Casi una hora después, volvieron a Urgencias. El box estaba vacío.
РDónde está Maca?
РLa han subido para que le hagan un tac. Vilches está con ella, respondió Teresa. Cómo estás, Esther?
РNo tiene nada roto, es sólo el golpe. Me la llevo a la sala de curas.
Esther permaneció en silencio, pensativa.
РQuieres que llame a tu madre?, preguntó Teresa.
РNo, ya la llamaré más tarde.
– Esther, yo… lo siento.
– No te preocupes. H√°zme un favor y llama a una sustituta. Yo no puedo trabajar hoy.
– Claro, ahora mismo miro quien est√° libre.

Dos larguísimas horas después, Vilches les informó.
– Sigue inconsciente, pero no he detectado nada extra√Īo. Una contusi√≥n en las cervicales, tal vez se golpe√≥ con un bordillo. Respira aut√≥nomamente. Voy a ingresarla, tenemos que esperar a que se despierte. T√ļ est√°s bien?
РSí, pero no voy a trabajar. Quiero estar con Maca.
РQuédate aquí y te aviso cuando esté hecho el ingreso, así puedes quedarte con ella. No sabía que fuérais amigas.
– Es algo m√°s que eso, dijo Cruz, empujando a Vilches a la puerta. D√°te prisa.

Teresa entró con una taza en la mano. Te he preparado una tila doble, le dijo en voz baja.
– Gracias. Estoy muy cansada.
– Y Maca?
– La van a ingresar, a√ļn est√° inconsciente. Esther empez√≥ a llorar de nuevo.
– No llores, ya ver√°s que todo ir√° bien.
– Si le pasa algo, yo…
РNo seas negativa. Maca se pondrá bien y seréis felices, ya lo verás.
– Ya no est√°s enfadada?
РAnoche no pude dormir, me excedí con vosotras dos. Os debo una disculpa. No soy nadie para juzgar a los demás. Lo siento mucho, de verdad.
РHas de entender que Maca significa mucho para mí.
РAhora me doy cuenta. Supongo que soy muy vieja para algunas cosas, pero me acostumbraré.
– Gracias, Teresa. Necesito todo tu apoyo.

Vilches asomó la cabeza.
– Vamos a llevar a Maca a la primera planta, habitaci√≥n 106. Tambi√©n hay un sof√°, as√≠ podr√°s descansar. Gui√Ī√≥ un ojo y se fue sin esperar respuesta.

РAnda, vamos. Teresa empujó la silla de ruedas. Vamos a ver a Maca.

Maca invitó a cenar a Esther en su casa esa noche. Llamó a un servicio de catering, no tenía ganas de cocinar. Estaba preparando la mesa cuando Esther sonó al timbre.
– Hola!
– Hola cari√Īo, dijo Maca, bes√°ndola. Y esos tulipanes?
РLos encontré abajo, en una papelera, bromeó Esther.
– Ah, pues nada, los tiro ahora mismo, ja ja!
РQué bien huele!
РSí, en cinco minutos está todo listo. Pónte cómoda.

Esther curioseó por la sala, notando cada detalle. Maca tenía muchos libros, algunos de ellos en inglés.
– Menuda biblioteca!
РSí, me encanta leer.
РY todos éstos en inglés?
– Libros que no se encuentran por aqu√≠. Ya sabes, de “ese” tema, brome√≥. Me estuve informando mucho antes de salir.
РSalir adónde?
– No “ad√≥nde”, sino “de d√≥nde”. De d√≥nde va a ser, Esther? Del armario!
РJa ja, qué tonta soy!
РVen aquí, tontita mía, que la cena ya está lista.

Tras la cena, se sentaron en el sof√°.
– Tengo una cosita para ti.
РQué es?
– Ten, √°brelo. Maca le dio un peque√Īo paquete. Dentro hab√≠a dos anillos de plata, esmaltados en azul y verde.
РQué bonitos!!!
– Te gustan? Hab√≠a pensado en uno para cada una…
– No s√© qu√© decir…
– No significan nada especial… bueno, s√≠. Ya sabes qu√© d√≠a es el domingo, no? Quer√≠a compartir algo contigo. Pero no est√°s obligada…
РMe encantan, Maca. Y por qué ahora y no el domingo?
– Soy muy impaciente, dijo sonriendo. Los ojos le brillaban.
– Puedo prob√°rmelo?
– Claro! Espero que sea de la medida justa. No estaba muy segura.
– Me va perfecto.
РEstupendo. El mío también.
– Muchas gracias… Nadie me hab√≠a regalado un anillo antes. Es precioso!
– Y un besito?
– Todos los que quieras… Somos novias formales? Ri√≥.
– Superformales, ja ja ja! La cara que pondr√° Teresa cuando los vea…
– Uf, no me lo recuerdes, tengo pendiente una charla con ella.
– Olv√≠date de eso ahora. Ven aqu√≠, voy a ense√Īarte una habitaci√≥n que no has visto a√ļn…
РAsí? Sin hacer la digestión ni nada?, bromeó Esther.
РNo te va a hacer falta, sonrió Maca, llevándola de la mano al dormitorio.